Sobre Heroes y Homestead

Sobre Héroes y Homestead

 

El blog post de hoy, más que informativo, es celebratorio. Esta semana, a pesar de corta por el día festivo “4 de julio,” fue súper productiva. Para empezar, se unió a nuestro equipo María García como Marketing Manager y como encargada del desarrollo de relaciones públicas en Bogotá, Colombia y Amy Wallace como paralegal en el área de propiedad intelectual.

 

Por otro lado, recibimos noticia de aprobación de una visa L-1A para la inversionista principal y directora de un nuevo y atractivo proyecto de inversión en Doral, Florida, tras enfrentarnos a un feroz requerimiento de evidencia adicional y tras someter una respuesta aún más feroz. Lo lindo no fue ganar, lo lindo fue procurar justicia.

 

Pero lo más emocionante que nos aconteció esta semana fue la victoria que logramos en las cortes de familia del condado de Broward, Florida. En este caso, aún más enfático les repito, lo lindo no fue ganar lo lindo fue procurar justicia y estar ahí sentado en primera plana para verlo. Sobre esto último quiero comentarles un poco más.

 

Hace un tiempo nuestro cliente se acercó con este caso. Hacía ya más de 10 años, para ese entonces, que se había divorciado de mutuo acuerdo de la madre de su único hijo, quien en aquel entonces era un niño. Después de varios años de matrimonio el único activo marital era una casa en Florida con algo de equidad. Para finalizar el divorcio, las partes firmaron un acuerdo que disponía, entre otras cosas, que mi cliente le cedería inmediatamente su interés en la casa a su ex esposa. En cambio, la ex esposa le pagaría a mi cliente el 50% del valor calculado como equidad cuando su hijo cumpliese 18 años. Es decir, mi cliente antepuso el bienestar de su hijo a su interés financiero personal.

 

Más de una década después, el hijo cumplió 18 años. Entonces, después de una paciente y prolongada espera, mi cliente llamo a su ex esposa a cobrar la deuda. ¿La respuesta? “No tengo dinero para pagarte; llévame a corte.” Ante esta respuesta, mi cliente decide ponerse en contacto con nosotros. Entonces, decidimos aceptar su caso y proseguimos con el envío de una carta de cobro.

 

Unos días después nos contacta, en representación de la ex esposa, una abogada de un “reconocido” despacho de abogados. Atiendo la llamada personalmente. Con modestia, le pregunto a la abogada que propone para solucionar el tema sin necesidad de litigio. La abogada me contesta en tono prepotente que no hay oferta pues, según ella, lo máximo que mi cliente conseguiría en corte sería un pedazo de papel con una deuda que jamás lograría cobrar.

 

Cerrada la posibilidad de una negociación, procedimos a introducir una moción para ejecutar el acuerdo de disolución marital. Pero con cuentas bancarias vacías y sin otro activo que la casa, la única manera de cobrarle a la ex esposa seria a través de un embargo sobre la casa—su lugar de residencia. Lo anterior, no es un remedio fácil de conseguir en una corte de equidad, como lo son las cortes de familia en Florida. Además de las consideraciones equitativas, existía un obstáculo legal, la famosa protección constitucional del homestead del estado de Florida.

 

El homestead es la propiedad de residencia primaria de un individuo. La protección del homestead está contemplada en el artículo 10 sección 4 de la Constitución de Florida. Esta sección dice que ningún acreedor puede forzar la venta del homestead para satisfacer una deuda y no podrá poner un embargo sobre el homestead. Las excepciones constitucionales a la protección del homestead son muy limitadas. Una de estas es que el homestead no está protegido de venta forzosa o embargo para el pago de deudas contraídas para la compra del mismo.

 

Camuflado entre varios argumentos, introduje el sucinto y aparentemente inofensivo argumento que, aunque no explicito, la transacción entre mi cliente y su ex esposa al momento de disolver su matrimonio fue en esencia una figura de owner financing. El owner financing es una figura en la cual el dueño de una propiedad le extiende financiamiento al comprador para la compra de la propiedad. Es decir, el vendedor le presta dinero al comprador para la compra de la propiedad. Siendo así, la protección constitucional del homestead no protégé al comprador de un embargo de la propiedad por parte del vendedor.

 

Llego el día de la audiencia. Un evento poético, al mejor estilo de drama jurídico de Hollywood; en el cual la audiencia sufre durante casi toda la película pensando que los buenos van rumbo a la derrota, pero al final todo cambia repentinamente, se hace justicia, y los buenos resultan heroicos. Así todos los presentes observamos los despliegues de prepotencia del abogado opositor quien se sintió triunfadora casi hasta el último instante en el cual la jueza—atenta durante toda la audiencia—finalmente revelo estar completamente de acuerdo con mi argumento estrella. Es decir, la jueza determino que, tal como fue argumentado, mi cliente le presto a su ex esposa el dinero para comprar su interés en la casa y, por este motivo, la protección del homestead no la protegía del esfuerzo de mi cliente por cobrar la deuda. Y así, finalmente, la corte ordenó el embargo de la propiedad, y mi cliente y yo salimos de las cortes de Broward con la felicidad de dos niños que acaban de ganar un partido de futbol.

 

Fernando Franco, Esq.

 
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